Vandalismo en Mallorca y escala de valores

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Son muchos los asuntos en los que nos hallamos ante auténticas encrucijadas históricas en distintos ámbitos, pero también resulta conveniente mirar más cerca para comprobar que algo no funciona como es debido para que se den hechos como el que está azotando Mallorca. La última de las modas consiste en destrozar las lunas de los coches a golpe de bate de béisbol, curiosa aportación a Europa la de este deporte típicamente norteamericano. Aquí, al parecer, los gamberros y los delincuentes han incorporado como herramienta de sus fechorías lo que es, en sí, un elemento de la práctica deportiva. Varias localidades han asistido ya perplejas a sucesos semejantes que, por lo que se ha podido comprobar, no tenía como objetivo principal otro más que el de provocar daño en los cristales de los vehículos, puesto que no se han producido robos de importancia de lo que hubiera en su interior, salvo que fuera algo muy expuesto a la vista de estos individuos.

Se suma esta tendencia a la más grave aún de grabar con los teléfonos móviles agresiones y vejaciones a personas, generalmente sin techo. Aunque, bien es cierto que últimamente se ha extendido al maltrato en los colegios e institutos o a cualquier viandante que pueda ser objeto de una colleja, de un garrotazo, de una bofetada o cosas mucho peores.

Todo ello parece ser una buena muestra de la perversión de una escala de valores en una sociedad decadente que prima, por encima de todo, lo material, dando de lado con sus tradicionales objetivos de mayor trascendencia. A esto no sólo han contribuido los sucesivos Gobiernos con sus respectivos sistemas educativos absolutamente deficitarios, sino también la desidia de unos padres cada vez más inmersos en una sociedad de consumo que les priva de primar lo esencial, lo que realmente importa. Retomar la esencia del respeto, del diálogo, de la amistad, del amor, de la familia (tan denostada en los últimos tiempos), del diálogo, de la solidaridad, es básico para que, desde la más tierna infancia, los objetivos de los jóvenes sean  los que deben ser, lejos de conductas que, a costa del perjuicio ajeno, les proporcionan unas risas fáciles por unos momentos. Coincido con Benedicto XVI en que no es bueno que se dé tanta importancia al hedonismo restándosela a lo básico, a lo espiritual. Esto no significa renunciar a todo, sino valorar lo que realmente debe ser importante.

Antoni Martín

21/02/2006 09:22. Autor: Antoni Martín. #. Tema: sucesos.

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