Actos violentos como consecuencia de la estrategia de Rodríguez Zapatero

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Comienza a ser harto preocupante que proliferen los intentos de agresión o los impedimentos para el ejercicio de la libertad de expresión de candidatos de una formación u otra, aunque curiosamente sean siempre opositoras al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Después de los ataques a Dolors Nadal, Rosa Díez y María San Gil, ayer se registraba otro a los consejeros madrileños Güemes y Granados, ambos del Partido Popular.

Desgraciadamente estas situaciones deleznables no suceden porque sí. Desde determinados sectores se ha hecho la vista gorda cuando no se han propiciado porque venían bien en la estrategia de anular al adversario, que no era otro que los conservadores del PP. Una situación inédita en cualquier democracia madura, por cuanto todas ellas registran una sana alternancia que demuestra la buena salud del sistema.

En los últimos cuatro años hemos asistido a la perversión del régimen, convertido en una máquina de perpetuación que pretende anular la posible alternativa para acabar convirtiendo España en una pseudo monarquía parlamentaria bananera permanentemente en manos del mismo partido y de las mismas personas. Una estrategia altamente peligrosa en la que también se han dado falsas esperanzas a los nacionalismos más radicales en Euskadi y Catalunya, unos aliados que no pueden ser desactivados a conveniencia por el inquilino de Moncloa, que pretende deshacerse de ellos en campaña porque le cuestan incontables votos. Pero la semilla de la radicalidad está sembrada. Y de estos polvos vinieron estos lodos.

Preciso sería caminar por una senda serena, con garantías jurídicas de unidad de mercado, de normativa común en todo el territorio nacional si no queremos que la crisis incipiente se transforme en algo aún mucho peor. No se pueden buscar inversores extranjeros, absolutamente necesarios, si les imponemos absurdas normas de rotulación en catalán, por poner un ejemplo. Si a ello añadimos tensiones entre territorios, boicot a productos de uno u otro lado y diferencias impositivas, hemos sumado todos los ingredientes para que las empresas de otros lugares se inclinen por países que generen más confianza.

La pérdida de poder adquisitivo, el incremento de los precios, el aumento de la morosidad, la constante subida de las hipotecas y los conflictos laborales enquistados son ingredientes que se suman a un explosivo cóctel. Añadamos a ellos toda una generación de jóvenes que han sido educados en el pensamiento nacionalista radical excluyente con ribetes totalitarios y tenemos todos los factores necesarios para que se generen estas violentas circunstancias.

Por todo ello, preciso es que, tras el análisis sereno, se imponga un cambio de rumbo para reconducir la situación, porque de seguir por esta senda, que recuerda en demasía la tragedia nacional de los años 30, mal vamos a acabar.

Antoni Martín

22/02/2008 23:48. Autor: Antoni Martín. #. Tema: política.

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