Zapatero, crisis e irresponsabilidad

Es evidente que la economía no se aprende en dos tardes. Si no que se lo pregunten a Rodríguez Zapatero, que debe andar pensando a ver qué deberes le pone al autor de semejante patraña, el ahora ministro Miguel Sebastián. Es más, la realidad es de una tozudez alarmante para quienes han pretendido retorcerla a su conveniencia y según venían dadas. Y si mal estaban las cosas con la precariedad de nuestro sistema productivo para hacer frente a la 'desaceleración', peor están para cuadrar las cuentas públicas con las ansias de financiación autonómica de Catalunya, asunto que enfrenta al Gobierno central con su parte catalana y con el resto de los nacionalistas y le pone frente al espejo de su irresponsable derroche del dinero de la Administración, hecho que deja un boquete de 10.000 millones de euros. Y eso que partían con superávit de casi 8.000 millones.
Concuerdo con quienes dicen que nos encontramos en un régimen pseudopresidencialista de perpetuación en el poder, con lo que el aparato de Ferraz mantiene a su líder como imagen y bandera. Pero el sistema político español es parlamentario, lo que significa que los tropiezos en las Cortes suponen un enorme desgaste. Con mayoría suficiente esto no sucede, así como tampoco con apoyos suficientes. Pero ahora estamos en otra tesitura: un Gobierno en minoría acosado por problemas que es incapaz de afrontar sin unas políticas que pueden resultar impopulares, pero que son imprescindibles. Y esto, los creadores de la imagen de 'buenismo' de Rodríguez Zapatero no pueden permitirlo sin que el ídolo se hunda ante un pueblo cada día más harto de problemas, acosado por unos precios cada vez más altos, preocupado por un empleo cada vez más difícil e incapaz de percibir solución alguna por parte del Ejecutivo a los 'sudokus' que él mismo ha creado y a aquellos otros que le han sobrevenido.
Es cierto que las autonomías deben tener la financiación adecuada, pero no se puede romper el principio de solidaridad, ni podemos dejar de tener todos los españoles garantizados los mismos servicios públicos, ni podemos resquebrajar la unidad de un mercado donde existen múltiples tensiones, ni nos podemos permitir tener regiones o nacionalidades de primera y de segunda categoría. Y, por supuesto, con las cuentas por debajo del cero, es imposible dar aquello que no se tiene. Y si pedimos control a las familias en su endeudamiento, no sería razonable que el Estado y las autonomías se abocaran al mismo con desenfreno, porque al final, como decimos en Mallorca: "D'on no n'hi ha, no en poden treure" (No se puede sacar de donde no hay). En fin, siempre nos quedará aquella frase: "Buenas noches y buena suerte", ¿la recuerdan?
Antoni Martín

