Otra vez la barbarie de ETA

Con sólo doce horas se apañaron los desalmados de siempre para poner su mortífera carga en la Universidad de Navarra. A nadie debiera extrañar que sigan en sus trece, sembrando el terror por dondequiera que pasan. Este es su sino. Y el nuestro es el de ser víctimas de la barbarie y, lo que es peor, víctimas de quienes les sustentan, ahora amparados por sus actas de diputados autonómicos o de concejales. Hay unanimidad ahora en la condena, pero después de decisiones tremendamente erróneas que conviene recordar.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero respondió, en aras de convertir al líder en el pacificador universal y candidato al Nobel, con una tibieza inusual frente al terror. Eran tiempos de tregua y todo personajillo del mundo abertzale podía ser interlocutor de un mal entendido 'proceso de paz' que no era más que un camino de rendición. Y digo rendición porque se asumía que había que ceder a los chantajistas, a los violentos para poder conseguir un respiro permanente y eterno. Todos recordamos que Arnaldo Otegi, a pesar de pertenecer a una formación ilegalizada, daba todas cuantas ruedas de prensa se le antojaba, era entonces un presunto 'hombre de paz'. Y el asesino confeso José Ignacio de Juana Chaos se pavoneaba intuyendo su pronta salida de la cárcel, como augurio de mayores cesiones en pos de la 'independencia y socialismo' que propugna la banda armada.
Pero lo peor, lo más execrable, lo más repugnante, ha sido que durante cuatro años se ha estigmatizado a las víctimas del terrorismo etarra. El Estado, en un extraño movimiento impulsado por un partido socialista llegado al poder después de que otro tipo de alimañas, los islamistas radicales del 11-M hicieran de las suyas, sufría de un Síndrome de Estocolmo que le llevó a dejar que el entorno de ETA regresara a las instituciones. Con ello, la banda obtenía no ya sólo información sensible del censo electoral, sino además, dinero, ese dinero con el que ahora compran los explosivos con losque quieren cercenar vidas.
En la lucha contra los etarras se han perdido cuatro años valiosísimos, a pesar de que Policía y Guardia Civil avisaban permanentemente de como se les gastaban y de como se estaban rearmando y aprovisionando, la decisión política iba por otros derroteros. Rodríguez Zapatero confundió a una banda terrorista con un partido nacionalista y así le fue. No, ETA no es Esquerra Republicana de Catalunya ni tampoco Convergència i Unió. A estas formaciones, el encantador de serpientes de Moncloa las engañó y utilizó en provecho propio. Pero la serpiente etarra no se conforma, se ha impuesto el sector más asesino, más homicida, más genocida, más... Y ahora, señor presidente, ¿quién pide disculpas a las víctimas del terror que fueron vejadas durante cuatro años? Lamentable.
Antoni Martín

