Jesucristo y el relativismo moral

Aunque todos los augures eran extremadamente precisos, muchos siguieron a pies juntillas al lider, negaron la mayor. Hoy, depués de todo aquello y toda vez que consiguió permanecer en su poderoso sillón, vemos como entramos en la temida recesión. Y la debacle económica se suma a la del relativismo moral que se ha adueñado de la sociedad, una sociedad que se ha acomodado y que permite que sucedan los hechos más denigrantes sin inmutarse, pensando que no van con ella.
Los españoles estamos demasiado acostumbrados a consentir que los gobiernos, los poderes públicos hagan y deshagan y les hemos consentido incluso todo tipo de corruptelas, sin poner el grito en el cielo, sin exigirles responsabilidades. Hemos manifestado adhesiones inquebrantables a todo tipo de líderes pese a que algunas de sus decisiones iban contra los más elementales principios morales. Tal vez porque resulta más fácil dejarse llevar como dulce rebaño de ovejas que reponder desde la convicción profunda.
Son tiempos de crisis, no ya para las ideologías, sino para todo tipo de espiritualidad. Negamos a Dios para convertirnos nosotros en supremos hacedores de una realidad que nos doblegaría al menor de los embates. Somos meros granos de arena, pero dotados de una enorme trascendencia. Y no por lo que nos aseguran politicuchos de tres al cuarto, sino porque estamos imbuidos de ese Dios que se hizo presente a través de Jesucristo y que permanece en nosotros y en cuanto nos rodea. A menudo olvidamos que sin esa inmanente trascendencia no somos nada, somos meros instrumentos de cualquier fuerza que quiera adueñarse de nosotros.
Al final, lo que cuenta no es nuestra posición social, ni nuestras riquezas, ni nuestras posesiones, ni nuestro poder político, ni nuestro maquiavelismo. Lo que realmente cuenta es el amor que nos tienen y el que nosotros somos capaces de dar. A la actualidad nuestra de cada día le falta un mucho de pedacitos de esa realidad invisible que convierte a las personas en algo muy especial. Estén en el paro, rebuscando en los contenedores de basura, siendo calumniados e injuriados o apretándose el cinturón para llevar el pan a casa hasta el último día del mes. Todos y cado uno de los seres humanos son igual de importantes que quien ha sido designado por el destino para ocupar las más altas esferas del poder. No deberíamos perderlo nunca de vista.
Antoni Martín

