Sana envidia tras el triunfo de Obama

Conseguido el objetivo de ganar la elecciones presidenciales, Barack Obama se deberá enfrentar a un mundo convulso, en lo político y en lo económico. La herencia recibida de George W. Bush no es la mejor de las posibles y a la nueva Administración demócrata le tocará reparar y recomponer muchos errores. Algo que sólo puede hacerse desde la moderación y desde el diálogo, desde el respeto mutuo. En eso, los norteamericanos nos han dado toda una lección. Frente a los insultos, descalificaciones, manipulación de masas a los que estamos acostumbrados en España, allí, ambos candidatos han hecho un discurso de una elegancia absoluta, demostrando que, superada la rivalidad y cuando el pueblo ha hablado, lo que toca es trabajar y hacerlo de la mano.
Esto no se entiende en un país en el que se tacha de facha a cualquiera que adopte posiciones similares a las de los conservadores del PP o se escarnece sin fin al presidente del Gobierno del PSOE deseando que se parta el espinazo aunque ello redunde en el peor de los males para todos los ciudadanos del Estado.
Del mismo modo que es envidiable la elección en listas abiertas de los congresistas de EEUU, que representan a sus electores y no al partido, contra el que es frecuente que voten.
Dicho todo esto, hay que considerar que el hecho de que el nuevo presidente de los Estados Unidos sea negro es histórico y pone fin a siglos de unos prejuicios raciales que, por fin, se ven superados por un pueblo que, además, respondió en masa a la llamada a las urnas, con una participación altísima en el día de la gran fiesta de la democracia. Desde aquí no podemos por menos que sentir sana envidia de los norteamericanos.
Antoni Martín

