Almodóvar contra la Iglesia

Por lo que parece entra dentro de lo que se considera políticamente correcto y, además, asemeja ser una exigencia del pedigrí del nuevo progre arremeter contra la Iglesia católica venga a no a cuento. Y es que si no hay razón para ello porque no hay nada nuevo a lo ya dicho y debatido, siempre nos quedará un advenedizo de la mal llamada izquierda para montar su numerito y criticar aquello que le salga de las narices. Es el caso de Pedro Almodóvar y su defensa a ultranza de los nuevos modelos familiares y su crítica ácida a la posición manifestada al respecto por Benedicto XVI. Pero es que, para más inri, el laureado cineasta se atreve a mentir con denodado descaro asegurando que la Iglesia dice y sostiene argumentos que han salido sólo de su extraordinaria imaginación (no nos extrañemos, ya se inventó aquello de un golpe de Estado por parte del Gobierno en los aciagos días posteriores al 11-M).
Sostiene el oscarizado manchego que una familia puede estar formada por padres separados, travestís, transexuales y monjas enfermas de sida. Si exceptuamos el primer caso, el resto parecen personajes sacados del argumento de una de sus películas, personajes que, seamos exactos, responden a estadios sociales marginales y no son representativos de la mayoría. Y, habría que añadir que, amén de inventarse cosas, parece no haber leído en su integridad muchas de las declaraciones o escritos del Santo Padre. Esto último es un mal común en el pseudo progresismo que nos ha tocado en suerte. Porque muy de izquierdas no es sufragar bancos, subvencionar a actores y directores conocidísimos, establecer diferencias federalistas en los servicios que pueden recibir unos ciudadanos en función de la comunidad autónoma en la que se encuentren, o darle mayor financiación a las autonomías más ricas en detrimento de las pobres. Eso no importa. Lo relevante es deconstruir la sociedad y hacer que lo excepcional parezca lo normal, aunque ello suponga romper con valores esenciales o que el menor, el niño, a quien debiéramos defender por encima de todo, pueda hallarse en situaciones psicológica y socialmente complejas de un más que difícil encaje en la misma naturaleza humana.
En cualquier caso, es como si los apestados fuéramos hoy los católicos y debiéramos avergonzarnos de aquello en lo que creemos. Como pienso que no es así, sino todo lo contrario, es una obligación proclamarlo. No se trata de una fe que me lleve a vivir más placenteramente, ni más fácilmente, sino todo lo contrario. Vale la pena poner el pensamiento mucho más allá de la satisfacción individual, incluso más allá del tiempo en el que viviremos, poniendo pequeñas piedrecitas en el edificio de un futuro mejor. En este camino no existe la fama, ni la gloria, ni el poder, ni la acumulación de dinero... sólo el fuerte deseo, la profunda convicción de que estamos aquí y ahora para trabajar por algo muy grande, porque hemos sido elegidos para construir desde ya un Reino de los Cielos prometido por Jesucristo. Esto lo conoce muy bien Benedicto XVI y muy poquito Almodóvar. Que Dios Padre nos ayude a unos y a otros.
Antoni Martín

